Durante el periodo comprendido entre 1750 y 1900, toda Europa se dispuso a conquistar tanto la salud privada como la pública. En este desarrollo intervinieron varios procesos que confluyeron en la revolución de la medicina y la higiene: los descubrimientos realizados en las ciencias, el cambio de actitud respecto de la enfermedad y de los médicos y los desafíos sociales que entrañó la Revolución industrial sin olvidar los conflictos derivados de la persistencia de las grandes epidemias.

Partiendo de la constelación de soberanías desperdigadas del siglo XVIII, zarandeadas por la epopeya napoleónica que obligó a remodelar Europa en 1815, las unificaciones del siglo XIX trazarán las fronteras de grandes Estados centralizados. Así, los aproximadamente 350 Estados alemanes del Antiguo Régimen darán lugar a la Alemania de Bismarck y Guillermo II. Sin contar los cambios de soberanía donde se verá –entre otros muchos ejemplos– a Bélgica nacer en la encrucijada de las influencias austriaca, francesa y holandesa; a Grecia bascular del Oriente Próximo a Europa pasando de la dominación otomana a la independencia bajo unas monarquías surgidas de viejas dinastías extranjeras, y aun a Italia lograr su unidad sacudiéndose el yugo de los Habsburgo y los Borbones.

Mientras que las guerras y las diplomacias deshacen para reconstruir, la evolución demográfica y económica, en particular con la Revolución industrial, desembocará en nuevos envites que exigirán la participación de los Estados en la implantación de políticas sociales y sanitarias. En todo este embrollo, la medicina y las políticas de sanidad deberán acompañar y adaptarse, cargadas con las influencias del pasado político de los pueblos a los que conciernen, y marcadas por rupturas y continuidades.

En medicina también el siglo XIX tiene una auténtica revolución sobre todo en la cirugía. Hay autores que afirman que es el siglo de la cirugía. Se realiza la primera ovariectomia por Efraín Mac Dowell en 1809 un tercio, de siglo antes que se descubriera la anestesia. Los grandes elementos que revolucionan la medicina y la cirugía del siglo XIX son: la anestesia antisepsia, asepsia y la hemostasia reglada por pinzas quirúrgicas. En la anestesiaautores como Wells, Morton y sobre todo el famoso cirujano de Boston. J. Collins Warren que realizó su primera intervención con anestesia y difundió rápidamente en Norteamérica dada su autoridad quirúrgica en la época.

La lucha contra la infección se había iniciado al final del siglo XVIII a través de los trabajos de Charles White y de Gordon en Alemania, pero se intensificó en el siglo XIX. Robert Collins (1901-1996) de Dublín comenzó a aplicar su sistema de desinfección con clorina. Olive Wendell Holmes (1809-1894) publicó su ensayo sobre la fiebre puerperal en 1843, señalando que la enfermedad era transmitida a la paciente por el médico. Y son los trabajos de Semmeleweis (1818-1965) los que relacionan la fiebre puerperal por el contagio de los estudiantes que venían de la sala de disección y la costumbre de no lavarse las manos. Lister en 1865 introduce las técnica antisépticas de las pulverizaciones y lavados de cirugia y la herida con ácido carbólico y posteriormente con fenol. Pasteur aísla por primera vez en 1860 el estreptococo que era la principal causa de sepsis puerperal. Estos descubrimientos unidos a los trabajos de histopatológia y microbiología de Virchoch y Koch desarrollaron posteriormente la eliminación de los gérmenes por aumento de la temperatura consiguiendo la asepsia o esterilización por calor.

Otra revolución importante tuvo lugar en la hemostasia, que en el siglo anterior se combatía fundamentalmente por compresión, cauterización o sustancia con pretendido valor hemostático. Aunque existía el concepto de ligadura mencionada por Celso, no fue hasta Ambroise Paré que recomienda vivamente la ligadura. Fue al final del siglo XVIII que se retoma la idea en los grandes vasos. Pero en el siglo XIX se extiende a todo el organismo: subclavia (Asley, Cooper y Colles) carótida (Bell y Cooper) aorta abdominal (Asley, Cooper) etc. Un adelanto fundamental para el progreso quirúrgico fue la sustitución de la hemostasia de compresión por la pinza. Comenzó con la pinza de Koerbelé 1864 que tenía sistema de cremallera. Pero la revolución fue la pinza de Pean cuyo sistema de cierre de seguridad de lengüetas dentadas y mango en forma de tijera se extendió a una gran variedad de instrumentos quirúrgicos. La actividad quirúrgica ganó en tiempo, control de la hemorragia y menor manipulación.

Revoluición Industrial y Sanidad
ODS 3 Salud y Bienestar ODS 4 Educación de calidad